martes, 16 de noviembre de 2021

Un mal día lo tiene cualquiera

Sé que mi nacimiento es una casualidad, un accidente risible, y, no obstante, apenas me descuido me comporto como si se tratara de un acontecimiento capital, indispensable para la marcha y el equilibrio del mundo.

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 Mi facultad de decepción sobrepasa el entendimiento. Ella es quien me hace comprender a Buda, pero también es ella quien me impide seguirlo.

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 Cada vez que estoy mal y me apiado de mi cerebro, me siento llevado por un irresistible deseo de proclamar. Entonces adivino de qué pedestres abismos surgen reformadores, profetas y salvadores.

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 Días milagrosamente cuajados de esterilidad. Y yo, en vez de alegrarme, de cantar victoria, de convertir esa sequedad en fiesta, de ver un ejemplo de mi realización y madurez, de mi desapego, me dejo invadir por el despecho y el mal humor: así de tenaz es en nosotros el hombre viejo, la chusma turbulenta incapaz de hacerse a un lado.


Párrafos del libro: Del inconveniente de haber nacido, de Emil Cioran.



domingo, 31 de octubre de 2021

Exégesis de la decadencia

 


 

Cada uno de nosotros ha nacido con una dosis de pureza, predestinada a ser corrompida por el trato con los hombres, por ese pecado contra la soledad. Pues cada uno de nosotros hace lo imposible por no verse condenado a sí mismo. El semejante no es fatalidad, sino tentación de decadencia. Incapaces de guardar nuestras manos limpias y nuestros corazones intactos, nos manchamos con el contacto de sudores extraños, nos revolvemos, sedientos de asco y fervientes de pestilencia, en el fango unánime. Y cuando soñamos mares convertidos en agua bendita es demasiado tarde para zambullirnos en ellos, y nuestra corrupción demasiado profunda nos impide ahogarnos allí: el mundo ha infestado nuestra soledad; las huellas de los otros sobre nosotros, se hacen imborrables.

En la escala de las criaturas sólo el hombre puede inspirar un asco perdurable. La repugnancia que provoca un animal es pasajera; no madura en el pensamiento, mientras que nuestros semejantes atormentan nuestras reflexiones, se infiltran en el mecanismo de nuestro desapego del mundo para confirmarnos en nuestro sistema de rechazo y aislamiento. Después de cada conversación, cuyo refinamiento indica por sí solo el nivel de una civilización, ¿por qué es imposible no echar de menos el Sahara o los monólogos infinitos de la zoología?

Si por cada palabra logramos una victoria sobre la nada, no es sino para mejor sufrir su imperio. Morimos en proporción a las palabras que arrojamos en torno a nosotros... Los que hablan no tienen secretos. Y todos hablamos. Nos traicionamos, exhibimos nuestro corazón; verdugo de lo indecible, cada uno se encarniza en destruir todos los misterios, comenzando por los suyos. Y si encontramos a los otros es para envilecernos juntos en una carrera hacia el vacío, sea en el intercambio de ideas, en las confesiones o en las intrigas. La curiosidad ha provocado no solo la primera caída, sino las innumerables caídas de todos los días. La vida no es sino impaciencia por decaer, de prostituir las soledades virginales del alma por el diálogo, negación inmemorial y cotidiana del paraíso. El hombre sólo debería escucharse a sí mismo en el éxtasis sin fin del verbo intransmisible, forjarse palabras para sus propios silencios y acordes audibles a sus solos remordimientos. Pero es el charlatán del universo; habla en nombre de los otros; su yo ama el plural. Y el que habla en nombre de los otros es siempre un impostor. Políticos, reformadores y todos los que apelan a un pretexto colectivo, son tramposos. Sólo la mentira del artista no es total, pues sólo se inventa a sí mismo... Fuera del abandono a lo incomunicable, de la suspensión en medio de nuestros arrebatos “inconsolados” (sic) y mudos, la vida no es sino un estrépito sobre una extensión sin coordenadas, y el universo, una geometría aquejada de epilepsia

 

(El plural implícito en “se”) y el plural confesado del “nosotros”, constituyen el refugio confortable de la existencia falsa. Solo el poeta toma la responsabilidad del ”yo”, sólo él habla en su propio nombre, él sólo tiene derecho a hacerlo. La poesía se deprava cuando se hace permeable a la profecía o la doctrina: La “misión” ahoga el canto, la idea entorpece el vuelo. El lado “generoso” de Shelley vuelve caduca la mayor parte de su obra: Shakespeare, felizmente, nunca ha servido para nada.

El triunfo de la no autenticidad se cumple en la actividad filosófica, esa complacencia en el “se”, y en la actividad profética (religiosa, moral o política), esa apoteosis del “nosotros”. La definición es la mentira del espíritu abstracto; la fórmula inspirada, la mentira del espíritu militante: una fórmula reúne allí ineluctablemente a los fieles. Así comienzan todas las enseñanzas.

¿Cómo no volverse entonces hacia la poesía? Ella tiene, como la vida, la excusa de no probara nada.


Perteneciente al volumen: Breviario de podredumbre, de Emil Cioran, traducido del Francés al Castellano por Fernando Savater en julio de 1971.

domingo, 17 de octubre de 2021

El antiprofeta

 


En todo hombre dormita un profeta, y cuando se despierta hay un poco más de mal en el mundo... La locura de predicar está tan anclada en nosotros que emerge de profundidades desconocidas al instinto de conservación.  Cada uno espera su momento para proponer algo: no importa el qué. Tiene una voz: eso basta. Pagamos caro no ser sordos ni mudos...

De los desharrapados a los esnobs, todos prodigan su generosidad criminal, todos distribuyen recetas de felicidad, todos quieren dirigir los pasos de todos: la vida en común se hace intolerable y la vida consigo mismo más intolerable todavía: cuando no se interviene en los asuntos de los otros, se está tan inquieto con los propios que se convierte al “yo” en religión o, apóstol invertido, se le niega: somos víctimas del juego universal...

La abundancia de soluciones a los aspectos de la existencia sólo es igualada por su futilidad. La Historia: manufactura de ideales..., mitología lunática, frenesí de hordas y solitarios, rechazo de aceptar la realidad tal cual es, sed mortal de ficciones...

La fuente de nuestros actos reside en una propensión inconsciente a considerarnos el centro, la razón y el resultado del tiempo. Nuestros reflejos y nuestro orgullo transforman en planeta la parcela de carne y conciencia que somos. Si tuviéramos el justo sentido de nuestra posición en el mundo, si comparar fuera inseparable de vivir, la revelación de nuestra ínfima presencia nos aplastaría. Pro vivir es cegarse sobre sus propias dimensiones...

Si todos nuestros actos, desde la respiración hasta la fundación de imperios o de sistemas metafísicos, derivan de una ilusión sobre nuestra importancia, con mayor razón aún el instinto profético. ¿Quién, con la exacta visión de su nulidad, intentaría ser eficaz y convertirse en salvador?

Nostalgia de un mundo sin ideal, de una agonía sin doctrina, de una eternidad sin vida... El Paraíso... Pero no podríamos existir un instante sin engañarnos: el profeta en cada uno de nosotros es el rasgo de locura que nos hace prosperar en nuestro vacío.

El hombre idealmente lúcido, luego idealmente normal , no debería tener ningún recurso fuera de la nada que está en él... Me parece oírle: “Desgajado de fin, de todos los fines, no conservo de mis deseos y de mis amarguras sino las fórmulas. Habiendo resistido a la tentación de sacar conclusiones, he vencido al espíritu, como he vencido a la vida por el horror a buscarle una solución”

El espectáculo del  hombre: ¡qué vomitivo!, El amor: un encuentro de dos salivas... Todos los sentimientos extraen su absoluto de la miseria de las glándulas. No hay nobleza sino en la negación de la existencia, en una sonrisa que domina paisajes aniquilados.

(En otro tiempo, tuve un “yo”; ahora no soy más que un objeto. Me atraco de todas las drogas de la soledad; las del mundo fueron demasiado débiles para hacérmelo olvidar. Habiendo matado al profeta en mí, ¿cómo conservaré aún un sitio entre los hombres?)


Fragmento de: Genealogía del fanatismo, perteneciente al volumen: Breviario de podredumbre, de Emil Cioran, traducido del Francés al Castellano por Fernando Savater en julio de 1971.

jueves, 7 de octubre de 2021

Libertad, Igualdad, Fraternidad

 

Leo a Alphonse Zheimer y me parece un trasunto de Emil Cioran:

"Como cualquier otra entelequia, el lema oficial de la República Francesa es una plataforma de aspiración ideológica para crédulos. Trasunto de chorrada religiosa que disfraza la verdadera esencia del alma humana o al menos, la asiste con honrosos eufemismos de cara a la galería.

Tomados individualmente, estos tres conceptos pueden sacudirse con la facilidad que se sacude una alfombrilla para que suelten su fantasía mugrienta.

Vistos como una unidad, los humanos, ni somos libres, ni somos iguales ni nos queremos; siquiera en clasificaciones amplias tienen validez esas mercedes, son apenas rasgos de tribu, terruño y estrato social que apuntan a significarnos como grupo temporal de intereses.

La ambición a la supremacía, individual (o grupal en tránsito) desmiente de continuo el camelo igualitario que anida en las religiones y los partidos políticos, como el cuco en las nidadas de los pajarillos desprevenidos."

Con menos estilo que el rumano, eso sí, pero el veneno nihilista se trasluce en las formas de A.Z.

Hay en la sabiduría popular, descripciones y dichos que la mayor parte de la veces, guardan una estrecha relación con realidades incómodas.

El siguiente aforismo, lo escuché en algún lugar de este mundo y no puedo precisar más, ni siquiera que fuera exactamente así, o mencionar a su autor: “Lo mejor del mundo, mi país; lo mejor de mi país: mi pueblo; lo mejor de mi pueblo: mi casa; y lo mejor de mi casa: yo.”

Osvaldo Michelon


"Deberíamos haber sido dispensados de arrastrar un cuerpo. Bastaba con el peso del yo." 

(De: Del inconveniente de haber nacido, de Emil Cioran)


domingo, 19 de septiembre de 2021

Sobre el ruido (maldición post bíblica)

 "El ruido me vuelve loco, particularmente el de la radio, que me sume en convulsiones de epiléptico. La civilización, no nos engañemos, es la producción de ruido, la organización de jaleo. Que una vieja inmunda tenga la facultad de hacerte la vida insoportable con sólo apretar un botón supera el entendimiento. La técnica otorga a cualquiera poderes de monstruo.

En resumidas cuentas, la naturaleza era mejor. Y puesto que el hombre ya no es dueño de sus creaciones y su obra resulta cada vez más nefasta, ¡que llegue ya la guerra atómica!"

                                                                                                                                                    Emil Cioran 

Anotación de: CUADERNOS 1957-1972 (pag.111), de la: Biblioteca Emil Cioran, con traducción de: Mayka Lahoz Berral. 

Editorial: Tusquets 2020

Título original: Cahiers 1957-1972

© Éditions Gallimard, 1997

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Si he publicado estas líneas sabiendo que en las primeras páginas del libro alertan de la prohibición de reproducir, distribuir o comunicar públicamente esta obra parcial o totalmente, es porque mi aversión al ruido es probablemente del mismo calibre que la del pensador rumano y no he podido evitar citarle para que mi tara fuera un poco más llevadera al ser común con un hombre inteligente y lúcido.

Durante 15 años, Cioran tenía siempre un cuaderno sobre su mesa de trabajo, en el que volcaba pareceres, frustraciones o pataletas como la que aparece en este post.

Al morir este el 20 de junio de 1995, su pareja: Simone Boué, encontró 34 cuadernos idénticos al reunir sus manuscritos para confiárselos a la  Biblioteca Doucet.

Iniciados en junio de 1957, se interrumpen en 1972; no se trata de un diario propiamente dicho; y en una entrada de 1971, sugiere la posibilidad de reunir estos escritos para ser publicados con el probable nombre de: "Interjecciones".


jueves, 16 de septiembre de 2021

Genealogía del fanatismo

 


 

“En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso  de la lógica a la epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.

Idólatras por instinto convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que el desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos elevados a pretextos, un envilecimiento  del espíritu ante lo improbable;  incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella, agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera,  exterminarlos si se rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo. Que pierda el hombre su facultad de indiferencia: se convierte en asesino virtual; que transforme su idea en dios: las consecuencias son incalculables. No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la Inquisición o la Reforma...


Fragmento de: Genealogía del fanatismo, perteneciente al volumen: Breviario de podredumbre, de Emil Cioran, traducido del Francés al Castellano por Fernando Savater en julio de 1971.

martes, 14 de septiembre de 2021

Espejos talentosos







Mi primer shock literario, fue conocer: El libro del desasosiego de Bernardo Soares, por Fernando Pessoa, fue tan honda la impresión que me causó, que empecé a profundizar en el gran portugués y leí gran parte de su obra. Conocí a sus heterónimos y les dediqué años, hasta que la pasión, como todas las hogueras, fue menguando y comencé a variar el menú de mis lecturas.

Me  convertí en un lector inquieto que exploraba autores de siglos anteriores, fijando como límite superior la fecha de mi nacimiento a mediados del siglo XX.

Di con soberbios escritores; semidioses de la palabra que leía sabiendo que toda su producción, con mayor o menor dificultad, encontraría en bibliotecas o el milagro de internet y su dual condición de cofre de tesoros y letrina.

No sé porqué, un día me dio por leer a un filósofo  y escritor rumano que hasta entonces, desconocía, se trata de Mircea Eliade, del que no todas sus obras han alcanzado una gran difusión; pero me hizo sentir una gran curiosidad por este pequeño y sufrido país europeo.

Conocía aforismos de Emil Cioran; sabía de su lucidez y lo filoso de su mente perspicaz, pero hasta leer: Breviario de podredumbre, no entró en el Olimpo de mis preferidos.

Este blog estará dedicado a su mente brillante y a su humor agudo; escogeré los escritos que más me gusten y los compartiré con quienes deseen leer esta bitácora y conocer más en profundidad a este pensador nihilista y peculiar.