domingo, 19 de septiembre de 2021
"El ruido me vuelve loco, particularmente el de la radio, que me sume en convulsiones de epiléptico. La civilización, no nos engañemos, es la producción de ruido, la organización de jaleo. Que una vieja inmunda tenga la facultad de hacerte la vida insoportable con sólo apretar un botón supera el entendimiento. La técnica otorga a cualquiera poderes de monstruo.
En resumidas cuentas, la naturaleza era mejor. Y puesto que el hombre ya no es dueño de sus creaciones y su obra resulta cada vez más nefasta, ¡que llegue ya la guerra atómica!"
Emil Cioran
Anotación de: CUADERNOS 1957-1972 (pag.111), de la: Biblioteca Emil Cioran, con traducción de: Mayka Lahoz Berral.
Editorial: Tusquets 2020
Título original: Cahiers 1957-1972
© Éditions Gallimard, 1997
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Si he publicado estas líneas sabiendo que en las primeras páginas del libro alertan de la prohibición de reproducir, distribuir o comunicar públicamente esta obra parcial o totalmente, es porque mi aversión al ruido es probablemente del mismo calibre que la del pensador rumano y no he podido evitar citarle para que mi tara fuera un poco más llevadera al ser común con un hombre inteligente y lúcido.
Durante 15 años, Cioran tenía siempre un cuaderno sobre su mesa de trabajo, en el que volcaba pareceres, frustraciones o pataletas como la que aparece en este post.
Al morir este el 20 de junio de 1995, su pareja: Simone Boué, encontró 34 cuadernos idénticos al reunir sus manuscritos para confiárselos a la Biblioteca Doucet.
Iniciados en junio de 1957, se interrumpen en 1972; no se trata de un diario propiamente dicho; y en una entrada de 1971, sugiere la posibilidad de reunir estos escritos para ser publicados con el probable nombre de: "Interjecciones".
jueves, 16 de septiembre de 2021
“En sí misma, toda idea es neutra o debería
serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias;
impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de
suceso: el paso de la lógica a la
epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías, las doctrinas y las
farsas sangrientas.
Idólatras por instinto convertimos en
incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La
historia no es más que el desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos
elevados a pretextos, un envilecimiento
del espíritu ante lo improbable; incluso cuando se aleja de la religión
el hombre permanece sujeto a ella, agotándose en forjar simulacros de dioses,
los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa
sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de
todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a
amarlo, en espera, exterminarlos si se rehúsan. No hay
intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo
bestial del entusiasmo. Que pierda el hombre su facultad de indiferencia: se convierte en asesino virtual; que
transforme su idea en dios: las
consecuencias son incalculables. No se mata más que en nombre de un dios o de
sus sucedáneos: los excesos por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase
o de raza son parientes de los de
Fragmento
de: Genealogía del fanatismo, perteneciente al volumen: Breviario de
podredumbre, de Emil Cioran, traducido del Francés al Castellano por Fernando
Savater en julio de 1971.
martes, 14 de septiembre de 2021
Mi primer shock literario, fue conocer: El libro del desasosiego de Bernardo Soares, por Fernando Pessoa, fue tan honda la impresión que me causó, que empecé a profundizar en el gran portugués y leí gran parte de su obra. Conocí a sus heterónimos y les dediqué años, hasta que la pasión, como todas las hogueras, fue menguando y comencé a variar el menú de mis lecturas.
Me convertí en un lector inquieto que exploraba autores de siglos anteriores, fijando como límite superior la fecha de mi nacimiento a mediados del siglo XX.
Di con soberbios escritores; semidioses de la palabra que leía sabiendo que toda su producción, con mayor o menor dificultad, encontraría en bibliotecas o el milagro de internet y su dual condición de cofre de tesoros y letrina.
No sé porqué, un día me dio por leer a un filósofo y escritor rumano que hasta entonces, desconocía, se trata de Mircea Eliade, del que no todas sus obras han alcanzado una gran difusión; pero me hizo sentir una gran curiosidad por este pequeño y sufrido país europeo.
Conocía aforismos de Emil Cioran; sabía de su lucidez y lo filoso de su mente perspicaz, pero hasta leer: Breviario de podredumbre, no entró en el Olimpo de mis preferidos.
Este blog estará dedicado a su mente brillante y a su humor agudo; escogeré los escritos que más me gusten y los compartiré con quienes deseen leer esta bitácora y conocer más en profundidad a este pensador nihilista y peculiar.
