jueves, 16 de septiembre de 2021

Genealogía del fanatismo

 


 

“En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso  de la lógica a la epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.

Idólatras por instinto convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que el desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos elevados a pretextos, un envilecimiento  del espíritu ante lo improbable;  incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella, agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera,  exterminarlos si se rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo. Que pierda el hombre su facultad de indiferencia: se convierte en asesino virtual; que transforme su idea en dios: las consecuencias son incalculables. No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos: los excesos por la diosa Razón, por la idea de nación, de clase o de raza son parientes de los de la Inquisición o la Reforma...


Fragmento de: Genealogía del fanatismo, perteneciente al volumen: Breviario de podredumbre, de Emil Cioran, traducido del Francés al Castellano por Fernando Savater en julio de 1971.

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